Pensar y sentir lucha libre 1
Lucha libre, wrestling.
Barrera entre lo real, ficticio, irrealidad, performativo.
Goldust, su acto desesperado que lo llevó al desquicio.
La forma de actuación más pura que puede existir probablemente sea la lucha libre, wrestling o entretenimiento deportivo. Personas que arriesgan la vida por recrear el mito, el mito del bien y el mal, lo dionisíaco y apolíneo.La elevación del cuerpo a la idea, la violencia que desgarra la carne, la herida y el sacrificio. El acto de representación rompe con la realidad, la altera y la vuelve un re-visitar, una añoranza, melancolía revuelta con nostalgia, la cultura en su fin para vernos y afirmar la existencia.
Un momento en donde entran personajes de una -naturaleza infinita-, malvados, gloriosos, buenos y bondadosos, malditos, héroes y villanos que de un momento a otro se vuelven lo contrario para enfrentarse hasta que la conciencia desaparezca, eterno. El ciclo entretiene a quien se detiene a verlo, y durante un instante, en un determinado momento, en un determinado lugar, se rompe la delgada membrana de leyes, se desgarra la "verdad" como herramienta de control, el control de la cultura, y es tan ridículo como profético, es tan mesiánico como falso, es tan real como tu pulsión, como toda tu carne que lo volvió realidad, la violencia la creaste y la destruiste. No sabías quién quedaría vencedor, pero jugaste sin azar, sin estadística o especulación. No atrae a intelectuales, las cualidades de este circo son tan universales que caemos todos en la trampa, así como todos caemos en el impulso de lo que podemos considerar verdadero. El sacrificio aumenta al máximo de la capacidad humana, la experiencia estética de la violencia es mortal y demencialmente divina, es un lazo de morte-erotique ridículo que nos une entre todo y todos, en cualquier tiempo con la comprensión del mundo que hacemos deshabitable, primero entre el ciclo idea-teatralidad-violencia sacrificio-cultura-representación para después pasarlo a narrativas sobre mito que se renueva, en ropa ajustada y cuerpos exorbitantes. Aterrados y al mismo tiempo insensibilizados por el mundo, se crea este espacio infantil que se vuelve sangriento, el cuerpo necropolítico, ajeno; diversión, expectación mórbida por el sufrimiento que llevará a la gloria o a la perdición, perfecto para experimentar lo macro del cielo.
El performance que realiza el sacrificio se entrega a la violencia, y olvida esa línea que el intérprete observa, abandona su cuerpo a la disciplina. Por momentos parece que la violencia alcanza las vulnerabilidades del exterior, hasta convertirlas en su interior obsesivo con el dolor. Disciplina de más honra, que en la tierra crea en México y los abandona a sus golpes, al merecer la muerte.
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